Pues sí chavales y chavalas, me encuentro fuerte hoy, y teniendo en cuenta que la anterior entrada estaba más que hecha hace tiempo, me decido a continuar con la labor.
Esta vez intentaré justificar(me) el parón de casi un mes de este blog. Tras la mudanza al piso los primeros días, la verdad no me apetecía mucho ya que mi objetivo era conocer el barrio, que todavía hoy me sigue sorprendiendo. Como el sábado pasado, cuando vinieron dos amigos a cenar a casa y me contaron que vieron a dos tíos con pistolas en la calle como el que lleva un chupa chups, así son los rusos (por suerte no todos). Esta coletilla la leereis muy a menudo, porque resulta bastante complicado razonar algunos comportamientos. Además sigo la estratégia que un gran conocedor de Rusia me dio antes de llegar aquí, "no juzgues lo que veas, date un tiempo considarable, y podrás entender el por qué de algunas cosas". La verdad la cita no es textual, porque de esto hace meses, pero puedo asegurar que la idea a transmitr era esa, si no es así Tono, corrígeme.
Tras unos días de reconociemto del terreno, marche en busca tierras más parecidas a mi querida piel de toro. Así pués, me fui un fin de semana Viena, una ciudad increible que recomiendo a todos, sobre todo si teneis la posibilidad de que os traten a cuerpo de rey, como me pasó a mí (GRACIAS CECI Y PETER fue un fin de semana cojonudo), con una guía de la ciudad de primera. La verdad es que debido al escaso tiempo del que disponía, y a que me invitaron a una boda (la verdad empiezo a especializarme en que me inviten a bodas de gente que no conozco. En octubre supuestamente tengo una de una chica que conocí un día en una excursión en grupo), la visita a la ciudad fue bastante express, pero lo suficiente como para dejar un sabor de boca irrepetible.
Bueno, sigo intentando justificarme, se acaba el fin de semana y toca volver a Moscú. Esta vez el pasaje no estalló en un aplauso, como en el vuelo de ida, al aterrizar. Por lo visto es una tradición cuando el vuelo ha sido bueno y no ha habido ningún problema, como agradecimiento al piloto. Pero claro lo primero que se te viene a la cabeza, o por lo menos a mí, es "joder que pasa, ¿no están acostumbrados a que aterricen los aviones?". Bueno, pues en estas estamos cuando me dispongo a salir a toda leche para llegar el primero al control de pasaportes, y sopresa sorpresa, hay como unas 80 personas ya, y tres o cuatro policías, así que toca esperar 45 minutos, haciendo cola, intentando que no se te cuelen (los rusos no saben hacer una fila), y oliendo a...... lo dejaremos así. Otra vez aquí, otra vez las caras de mala leche, los empujones en el metro, las contestaciones de las cajeras cuando no las entiendes y demás. Tocó acostumbrarse de nuevo a esta rutina. Quizá ya me he acostumbrado y por eso estoy más animado para escribir.
Y aquí termina por hoy, para que no se haga tan pesado el leer, os dejo una foto de Moscú que encontré por internet. A mí me pareció, y me parece, impresionante.
Más noticias en días sucesivos, agradecemos su atención.